Científicos llevaron colibríes a una montaña para ver qué les haría el cambio climático

A medida que las temperaturas en todo el mundo cambian drásticamente, la vida silvestre a menudo se ve obligada a moverse para encontrar hábitats adecuados, y los científicos están trabajando arduamente para tratar de comprender cuántas especies pueden estar luchando por encontrar nuevos hogares.

Los animales que viajan a terrenos más altos enfrentan dos problemas: temperaturas más frías y aire más delgado y menos rico en oxígeno (lo que dificulta la respiración). En un nuevo estudio, un grupo de colibríes de Anna (calypte anna) fueron llevados en un viaje a unos 1.200 metros (4.000 pies) por encima de su hábitat normal.

Curiosamente, las tasas metabólicas de los colibríes en realidad disminuyeron mientras flotaban. También volaron duraciones más cortas con menos eficiencia, probablemente por falta de oxígeno.

Si bien las temperaturas futuras podrían ser más cálidas, por ahora, las altitudes más frías tienen un efecto paralizante en los patrones de sueño de los colibríes. Cuando las aves dormían, entraban en una especie de mini-hibernación con más frecuencia, lo que también reducía su metabolismo en un 37% en promedio.

El equipo detrás del estudio dice que, al menos en el caso de los colibríes, llegar a terrenos más altos representaría un desafío importante.

“Nuestros resultados sugieren que la baja disponibilidad de oxígeno y la baja presión atmosférica pueden ser desafíos difíciles de superar para los colibríes a medida que avanzan hacia arriba debido al aumento de las temperaturas, especialmente si hay poca o ninguna aclimatación a largo plazo”, escriben los investigadores en su artículo publicado.

Estas aves ya tienen que reubicarse en respuesta al aumento de las temperaturas y actualmente se encuentran en elevaciones de entre 10 y 2800 metros (33 a 9186 pies). Esto cubre una distancia y un rango de temperatura bastante grandes, pero el equipo de investigación estaba interesado en ver si había un límite superior.

Para este estudio, 26 colibríes fueron trasladados desde todo este rango de altitud actual, y todos tenían más o menos la misma dificultad para adaptarse. Sin embargo, el estudio encontró que aquellos en altitudes más altas tendían a tener corazones más grandes para una mejor circulación de oxígeno en el cuerpo.

Los investigadores utilizaron una variedad de métodos para medir los niveles de sueño y la tasa metabólica en los colibríes, incluidos embudos llenos de jarabe para engañar a las aves para que comieran mientras monitoreaban su consumo de oxígeno al mismo tiempo.

También se registró la producción de dióxido de carbono durante el sueño, otro indicador de la tasa metabólica. Los colibríes pasaron al menos el 87,5% de la noche en un estado de letargo o mini-hibernación de eficiencia energética, en comparación con el 70% normal. Una vez más, esto fue consistente independientemente de la altitud desde la que se recolectaron los colibríes.

“Eso significa que, incluso si provienen de un lugar cálido o frío, usan el letargo cuando hace mucho frío, lo cual es genial”, dice el ecólogo Austin Spence de la Universidad de Connecticut.

Los colibríes son excelentes sujetos de estudio en este caso debido a su estilo de vida de alta energía. Son capaces de hacer frente a una variedad de condiciones climáticas, pero parece que mudarse a un terreno más alto podría ser imposible para ellos, a menos que lo hagan con la suficiente lentitud para que sus cuerpos se adapten.

Sin embargo, la especie no necesariamente necesita ir a terrenos más altos para encontrar temperaturas más frías, ya que también pueden cambiar de latitud, y los investigadores creen que estos colibríes pueden eventualmente necesitar aventurarse más al norte.

Los autores del estudio también sugieren que los estudios y modelos futuros no deberían considerar simplemente la temperatura como un desencadenante del movimiento de especies. También se deben considerar otros factores, incluida la disponibilidad de agua y oxígeno.

“Para comprender completamente la capacidad de una especie para moverse en respuesta a un clima más cálido, es esencial evaluar su desempeño fisiológico dentro de su rango actual y compararlo con el desempeño más allá de su distribución actual”, escriben los investigadores.

La investigación fue publicada en el Revista de Biología Experimental.

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