La edición de genes convierte a los hámsters esponjosos en monstruos furiosos ‘agresivos’

Un hámster sirio saliendo de su jaula

Se eligieron hámsters sirios para el experimento porque tienen una organización social similar a la de los humanos (Crédito: Getty)

Un equipo de científicos en los Estados Unidos creó accidentalmente hámsters mutantes demasiado agresivos como resultado de un experimento de edición de genes.

Utilizando la controvertida tecnología CRISPR, los investigadores de la Universidad Northwestern examinaron una hormona llamada vasopresina y su receptor, Avpr1a.

Decidieron tratar de eliminar a este último de un grupo de hámsters sirios, con la esperanza de que aumentara el vínculo y la cooperación entre las adorables criaturitas.

Esto se debe a que se cree que Avpr1a regula cosas como el trabajo en equipo y la amistad, así como el dominio y la vinculación.

Su expectativa resultó ser incorrecta. Muy mal.

“Nos sorprendieron mucho los resultados”, dijo el profesor H. Elliot Albers, investigador principal del estudio.

“Predijimos que si eliminábamos la actividad de la vasopresina, reduciríamos tanto la agresión como la comunicación social.

“Pero sucedió lo contrario”.

Los académicos descubrieron que los adorables bultos de animales de peluche se convirtieron en monstruos de ira mutantes que exhibían “altos niveles de agresión hacia otras personas del mismo sexo”.

Todos los hámsteres, independientemente de su genotipo o sexo, exhibieron agresión (incluyendo persecución, mordeduras y sujeción) cuando se expusieron a un congénere no agresivo del mismo sexo en una arena neutral. .

El profesor Albert admitió que los resultados del experimento fueron una “conclusión sorprendente”.

Los hámsteres, independientemente de su genotipo o sexo, mostraron agresión después de someterse al experimento de edición de genes (PNAS).

Los hámsteres, independientemente de su genotipo o sexo, mostraron agresión después de someterse al experimento de edición de genes (PNAS).

Los científicos optaron por experimentar con hámsters sirios porque, a diferencia de los ratones, tienen una organización social similar a la de los humanos.

El profesor Albert explicó: “Aunque sabemos que la vasopresina aumenta los comportamientos sociales al actuar en varias regiones del cerebro, es posible que los efectos más globales del receptor Avpr1a sean inhibidores.

“No entendemos este sistema tan bien como pensábamos”.

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